RAFAEL PÉREZ HERNANDO, ESCRITOR

Tomás Paredes – AICA Spain / AECA

Rafael Pérez Hernando es un habitual del galerismo desde antes de 1996. Abrió una galería de arte en esa fecha, C/ Claudio Coello, con objetivos que se modificaron hasta que, en 2004, en el espacio de calle Orellana, encabezado con su nombre, inauguró un proyecto de difusión y venta del arte, que se ha consolidado con un sello muy personal.

Rafael Pérez Hernando, Madrid 1953, se licenció en Derecho, no ejerció la práctica de la abogacía y optó por la Escuela Diplomática, sin éxito, gracias a rogativas de su abuela, como él mismo ironiza. Durante siete años acompañó a su padre- coleccionista, abogado, juez, empresario- en la restauración del monasterio burgalés cisterciense Santa María de Bujedo, Premio Europa Nostra 1982.

Tras esta experiencia estética y espiritual, decidió dedicarse al mundo del arte. En su primera etapa, además de objetos artísticos, se centró en la defensa de tres nombres de pintores: Antón Lamazares, Bonifacio y Manuel H. Mompó. La galería, en su actual ubicación, abrió con el papel y algunos lienzos de Joan Hernández Pijuán. Creo que he asistido a todas, o casi todas, las exposiciones que ha realizado desde entonces. 

Pero, R.P.H. no es un galerista al uso, pues interviene activamente, en cada exposición, realizando él mismo el montaje de las piezas, con escasísimas excepciones. Incido en este punto, porque sus montajes no dejan indiferentes, dominados por su sentido de la elegancia, el buen gusto y la sobriedad. El modo de mostrar la obra es marca de la casa en su galería, algo absolutamente personal y genuino y que algunos agradecemos.

No sólo eso, para cada propuesta suele escribir una breve introducción, que ayude al espectador o rompa el hielo para que el visitante piense por sí mismo. Respecto al arte contemporáneo hay una timidez inicial y persistente del espectador, quién ante lo novedoso, se encuentra sin asideros y teme manifestarse sobre lo que observa. Y no, todos tenemos nuestra lectura de lo que vemos y si hay otra más perspicaz o luminosa que la nuestra, sea bienvenida en aras del sentimiento del arte. Que nadie lo olvide, lo que interesa, lo que emociona, lo que conmueve no necesita explicarse ni entenderse.

La Galería Rafael Pérez Hernando tiene una oferta plural, pero deja ver un sentir, una estética, formada por las obras de nombres como Giorgio Griffa, Vialat, Hernández Pijuán, Ofelia García, Sabine Finkenauer, Simon Callery, Susana Solano, Barba, Marta Basterrechea.  A veces esos textos, a guisa de isagoge, van entrecomillados o anónimos, pero al lector no se le esconde que provienen de un sentiente, de alguien que las ha seleccionado, que conoce el proceso de ejecución de las piezas. Es el RPH, escritor. 

Además, en diciembre pasado, publicó Las higueras necesitan compañía, Pre-Texos, Valencia 2023. El volumen abre con prólogo, “Una mirada así de limpia” de Carlos Pardo y cuenta con exquisitas ilustraciones de Sabine Finkenauer. El libro tiene seis apartados, con aforismos, versos únicos, proverbios o sentencias; incluso alguna estrofa con vocación de haikú: Descubro la trascendencia / de no conseguir objetivos. 

La editorial, la forma, la isagoge inducen a creer que es un libro de poesía. No, desde mi óptica, pienso que es un ensamble de sentencias, pensamientos, vivenvias u observaciones, que el autor llama “notas”. Entre tantas “notas”, las hay líricas, postitas, filosóficas o simples deseos: Me gustaría tener una casa vacía. ¡Cuánta riqueza encierra esta expresión para un coleccionista, para un barroco que al mismo tiempo es zen!

Rafael asegura que la mayoría de estos chispazos los ha escrito paseando, anotados en su móvil; de espaldas a una montaña o en el prado, al estilo Berceo. Lo reseñable es cómo un galerista ha ido tejiendo un zócalo de ideas, impresiones o visiones del mundo, ajenas a su oficio. Y luego las curiosidades: su atención a los cojos, a los detalles más nimios, o al rubro, aunque la gran parte de los seres naturales se quieren acompañados. 

El libro está pulcramente editado, en papel, con sus blancos coronando de silencio sus efímeras sensaciones: ¡Qué fácil es no ver! He visto que se ofrece también un formato e-book, no puedo concebir que la lectura desde el papel ofrezca la misma impresión que en una pantalla, porque la composición espacial determina. Por momentos, sosiega; otros, inquieta, azora: Estoy atado. ¿Por qué, por quién, a qué, qué le ata, qué le coarta?

Del nihilismo a la creencia, del respeto a la tradición a la anarquía, del amor a la muerte al gusto por la vida, de la soledad a la convivencia con el gentío, de la densidad a la trasparencia: ¡Qué bien vuelan los pájaros! Dice Rafael que sin la presencia de su abuelo Alejandro no sería cómo es, ni hubiera escrito esto. Yo valoro infinito esta apreciación ahora que no quedan abuelos en las casas y sólo hay viejos en residencias. 

Es un libro de corte y aldea, que huele a higuera- ¡perfume bravo, dulce, verde, denso-; en el que confiesa que le gustaría convertirse en una mata de espliego. No es un grimorio, sino un libro de meditación para muchos, aunque el autor asegure que Escribe para nadie. ¡No sé por qué, pero es seguro que, después de leer este libro las higueras acompañadas darán los higos más dulces, sabrosos, con sus hermosas heridas blancas!

No hay muchos galeristas escritores, pero, he conocido a algunos: Antonio Leyva, que acaba de desparecer, poeta y ensayista; Leandro Navarro, dramaturgo de éxito; Miguel Fernández Braso, editor y escritor de amplia bibliografía. Marwan Hoss, poeta; Antonio Prates, compositor y poeta; J. M. Leonardo de Sá, Manolo Cuevas, lector empedernido y editor; Julián Rodríguez Marcos. A ellos se une ahora Rafael Pérez Hernando con este libro, que emerge del silencio, y los que vengan.