Exposición MARTÍN CHIRINO: REINAS NEGRAS. Castillo de La Luz, Las Palmas

Miguel Ángel Chaves Martín – Presidente de AICA Spain / AECA


El galerista neoyorkino Michael Jenkins y el historiador y crítico de arte Javier Romero, miembro de AICA Spain / AECA han donado una El pasado viernes 18 de junio la Fundación Arte y Pensamiento Martín Chirino, con la coproducción de la Fundación Antonio Antonio Pérez de Cuenca, y la colaboración de CaixaBank, inauguró la exposición Martín Chirino: Reinas Negras, comisariada por Alfonso de la Torre, para viajar tras su clausura el 12 de septiembre, a Cuenca (8 de octubre a 30 de noviembre). La muestra reúne más de un centenar de piezas, entre esculturas, dibujos, pinturas, fotografías, y todo tipo de documentos que ahondan en los primeros trabajos de Martín Chirino (Las Palmas, 1925 – Madrid, 2019) a comienzos de los años cincuenta, junto a otras piezas de creadores que le influyeron (Paul Klee, Picasso, Ángel Ferrant, Julio González, Óscar Domínguez, Apel·les Fenosa, Plácido Fleitas, Eduardo Gregorio, Manolo Millares o Eduardo Westerdahl) y que contextualizan bien esos años de producción.

Asimismo, plantea los encuentros de ciertas obras con una selección de esculturas de arte africano, en tanto que se subraya por primera vez la admiración del escultor por las creaciones fílmicas de Norman McLaren. Un punto musical, con la colaboración de Tomás Marco, Jon Bandrés y Joan Gómez Alemany, evoca los recuerdos de Chirino en Blandy Brothers, los astilleros en los que trabajó su padre, a la par que una extensa zona documental enmarca, también, las publicaciones relacionadas con el artista en ese tiempo, que fueron el nutriente de la modernidad en Canarias.

Las obras expuestas, además de incluir los fondos de la propia Fundación que lleva el nombre del artista canario, han sido cedidas por más de 20 colecciones nacionales, entre las que podemos destacar al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el IVAM de Valencia, el Museo Canario, el Centro Atlántico de Arte Moderno, el Patio Herreriano de Valladolid, la Casa África, las fundaciones Apel-les Fenosa, Azcona y Alberto Jiménez Arellano, así como relevantes colecciones particulares tanto insulares como peninsulares.

Coincidiendo con la apertura de esta exposición se ha puesto en marcha la Enciclopedia Martín Chirino, con el primer volumen de la misma, escrito por Alfonso de la Torre, a partir de una serie de conversaciones iniciadas con el  escultor en 2016, y que en este caso abordan estos primeros años de la trayectoria plástica del artista canario. La edición se completará con la publicación de las 17 monografías previstas hasta completar todos los ciclos de su dilatada carrera, a cargo de los principales críticos y especialistas en su obra.

En el recorrido por la sala se pueden ver las esculturas de Martín Chirino: Pueblo, 1952; Composición-Homenaje a Miró, 1953; y algunas de las Reinas Negras que se conservan, junto a dibujos y bocetos del artista. Asimismo se exhiben dos obras de Paul Klee, La orilla construida, una pintura al temple de 1930, y Mesa con ofrenda de 1933; un bronce de Picasso y otro de Julio González; una obra de Manuel Millares; dos piezas de Apel-les Fenosa; esculturas y dibujos de Ángel Ferrant, junto a cerámicas, máscaras y esculturas de origen africano, así como libros, revistas y otros documentos. Todo ese corpus ilustra un universo plástico de gran relevancia en la trayectoria de Chirino.

El ciclo de Reinas Negras fue realizado en su taller de Las Palmas, un espacio de hallazgos de juventud donde ya estaban presentes atributos de su obra como el nomadismo y el imaginario insular. El dibujo para él fue un camino de formación donde ya latía el complejo proceso creativo y la indagación de nuevas formas. Las esculturas del primer lustro de los años 50 estuvieron muy influidas por el arte primitivo y las culturas remotas, porque como subraya Alfonso de la Torre en la monografía: “las primeras Reinas Negras devinieron en abstracciones corporeizadas en una quietud casi extática, enigma de las formas y la mirada, que serán un ejercicio ideal para un salto inmediato a la abstracción plena. […] Concebidas con piedra volcánica tallada o hierro forjado (1952-1953), son tempranas esculturas abstractas en el nuevo arte español que llega. […] Chirino mide en silencio y nos recuerda a aquel Rimbaud que mira la quietud”.

Ya en la década de los cincuenta Martín Chirino poseía una gran formación a pesar de su juventud y le gustaba frecuentar algunos territorios complejos que tan fértiles resultados supusieron para el arte posterior. Junto a elementos encontrados como maderas y piedras, Chirino adoptó en esos años algunos consejos de Ferrant en el uso de ciertos materiales de su entorno, las maderas del pinsapo o limonero, la piedra volcánica del lugar que habita o la humilde hojalata. En la elección de esos materiales quizá exploró una cierta raigambre telúrica y ancestral, algo que tal vez conecte con un cierto declarado espíritu panteísta que le embargó, silencioso, desde su infancia. “Desde muy pequeño –afirma Chirino– dejaba que todos mis sentidos vibraran al compás de la naturaleza del lugar en que nací. Hoy desde la atalaya del tiempo, recuerdo que en mi infancia vivía en una permanente sensación de ensueño, a la que procuraba agarrarme para trascender las fronteras de la isla”. 

“El maestro Chirino –concluye Alfonso de la Torre en su estudio– fue consciente en sus últimos tiempos de la capital importancia de este ciclo crecido en soledad-mas-soledad, silencio sobre el silencio. Levedad y peso, árbol o tierra, en las palabras de nuestro escultor, pienso en el silencio y quietud de su querido Brancusi cuando veo algunas de estas obras”.