Partitura delante, de Carmen Pallarés

Tomás Paredes AICA SPAIN / AECA


Todos creemos conocer a Carmen Pallarés, poeta, crítico de arte, escritora, pintora…, ¡qué sé yo lo que se esconde bajo ese ramo frágil de niebla dorada o de flores desecadas! Enteca, tímida, mínima, como si nada fuere siendo tanto. Camina ausentándose, escapando, ínsita en su cosmos, que suena como un gran coro silente, accesible a oídos querenciosos. Sonríe, se disculpa, se zafa como una sombra luminosa juanramoniana. Estuve presente, en Ra del Rey, con sala abarrotada, el día de la presentación de su poema largo, el 20 de diciembre. Pero, o no supe valorar lo que se dijo o no percibí el valor de lo que se anunciaba. El caso es que hoy, tras escuchar el Réquiem en Do menor, KV 626 de Mozart, en las versiones de Karajan y Karl Bohm con preferencia ésta, me he puesto a leer el libro y estoy maravillado, seducido, contagiado, agradecido, endeudado.

 ¡Cómo ha crecido en este libro Carmen Pallarés! Es un poema didascálico, explicativo, de cómo ella se adentra, como intérprete en el coro de voces del Réquiem; mas, cómo lo cuenta es fascinante. ¡Qué ritmo, qué brío, qué fuerza, que fluidez, qué música!

 ¿Qué es la poesía? Lo dijo Lezama Lima, “Un caracol nocturno en un rectángulo de agua”. Todonada, la presencia imprescindible que no sirve para nada, la indescifrable belleza de que hablaba Ungaretti. Esto que leemos en Partitura adelante es poesía, sobre todo, en algunas estrofas, que incendian el ascetismo de la autora: “Soñaba con que el beso del misterio/ modulara, tensara y mantuviera/ notas de sal, mercurio y alto azufre/ durante unos instantes: imploraba  que la gracia, el kairós, la maravilla,/ como el dulce tejido de la aseda/ le prestara sus alas, y entendiera/ la clave de la bóveda y lograra/ cantar con el color de los vitrales…

Anáforas, imágenes, metáforas y, sobre todo, movimiento, tropel de palabras que vuelan como bandada de papemores y bulbules. Asíndeton, aliteraciones, hipérbatos, hipálages, enálages, dan una tremenda brillantez a sus versos con un trepidante aliento rubeniano. 

Es la historia de una iniciación, cuando se integró en  la Orquesta y Coro de San Jerónimo el Real, para vivir el aprendizaje de la rotunda obra de Mozart. Un reto que le descubrió no sólo la obra mozartiana sino sus posibilidades y carencias. Conocerse cura y fortalece y postula y hermosea. 

…con una altanería de esmeralda…se alejó de mi paso el falso empaque,/ perdí el armiño y descendí desnuda….entre las sombras de mi atardecer…El mineral celeste de la obra/ amaba, concertaba, tutelaba, añoraba…distribuyendo el brío y la fatiga entre quemantes fauces de leones…Para cerrar el proceso con “En concierto”: “en que mi voz can -taba entre dos mundos,/ erguida, vigilante, alerta, viva/ y extrañamente adormecida a un tiempo/ entre los pliegues de su paraíso,/ sintiendo las dinastías etéreas/ y el tacto fraternal de los acordes….    Cuesta detener la cita, pararse, pues el vértigo sereno, inexcusable, te arrastra hacia el clamor del canto en medio de la emoción del Réquiem. 

Carmen Pallarésha sido distinguida con los Premios José Paz, Villafranca, Esquío y accésit Adonais. Tiene publicados once libros de poemas, desde 1979. Pero en esta Partitura adelante, IAO Arte Editorial, 2013, Madrid, ha sentido “la belleza del valor”, conduciéndola al valor de la belleza. Al ritmo virtuoso en el que las palabras, como en una cascada impresionante de agua, caen sobre nosotros y nos invaden, nos inundan, nos enriquecen con la magia de un caracol nocturno cantando en un rectángulo del mar.