Antonio L. Bouza

Tomás Paredes – Miembro de AICA SPAIN / AECA

Es el pseudónimo, o nombre de pluma, de nuestro asociado y amigo Manuel Bouza, que acaba de fallecer en Burgos, su tierra de adopción, a los 86 años. Nos da la noticia la Dra. Blanca García Vega, que informará, con su solercia habitual, sobre su vida de crítico y escritor de arte; mientras que yo referiré su historial poético, el proceso de su pasión existencial: la poesía y sus nuevas vestimentas.

Manuel Bouza Balbás, Venta de Baños 1934, fue arquitecto técnico y militar de carrera, siendo, en la Academia Militar de Zaragoza, acompañante-preceptor del Rey Juan Carlos I, con quien mantuvo una clara amistad, que evidenció en un libro. En 1979 se apartó de la milicia y se dedicó a la crítica de arte y la poesía, colaborando en Diario de Burgos con una columna semanal durante años. Residió en distintas capitales de España, radicándose en Burgos en 1959 y convirtiéndose en un burgalés de pro en el ámbito socio-cultural.

Antes, en 1967, había formado el grupo literario ARTESA, que al poco sacaría la revista homónima de gran influjo en Castilla-León, vigente entre 1969-1977, aunque sus cuadernos continuaron hasta 1985 y alguno esporádico hasta ahora. No se puede separar su actividad artéfila de la poética, figurando como fundador del Museo Condestables de Castilla, miembro de ACYLCA y de AICA Spain.

Su poesía va de un inicio tradicional, de tintes religiosos, existencialista sin perder el humor, a encontrar su voz, que está ligada a la experimentación, al letrismo y la poesía visual. Desde la condensación narrativa a un intento vanguardista rompiendo los lazos con lo habitual, quedando su imagen final como un adelantado de la poesía visual, un vanguardista a medias infravalorado.

José Luis Puerto lo adscribe a esa corriente que denomina “rarismo palentino”, porque así era considerado, como un raro dentro del panorama castellano. Además de su bibliografía personal, aporta una personalidad y una visión, que fueron determinantes en ARTESA, logrando números espléndidos como los homenajes a Juan Eduardo Cirlot y a Camilo José Cela.

Su primer libro apareció en la colección Ágora, que dirigía Concha de Marco, esposa de otro de nuestros más brillantes asociados, Juan Antonio Gaya Nuño, y era Dios de muertos, 1970, en donde el sabor existencialista y religioso, únense al sentido trágico de la muerte, acendrando un intenso sentido moral, que perdurará en su poética.

En 1982, la revista Litoral, conjuntando tres números, 112-113-114-, le dedica un monográfico con rubro Memoria social en la muerte de un hombre, que aparece incluyendo varios de sus libros ya publicados e incluso algunos poemas dispersos. Con un “Punto y final” de José María Amado, donde revela que fue Dioniso Ridruejo quien se le recomendó afirmando: “es un ser estupendo y un desvelado amante del Arte y la Poesía”.

En esa edición de Litoral, se incluyen Dios de muertos, Luzbel se refugió en mi verso y ya no puedo arrancármelo, Caín muere en la cruz, Castilla desde mi centauro, España libertad de cisne; con ilustraciones de Cuasante, Diaz Del, Beneyto, Paco Conesa, Bornoy, Lorenzo Saval y Luis Ortega.

De una amplia, densa y constante bibliografía, convendría rescatar: Hospicio de Sodoma, Elegías del amor impuro y del amor liberado, Esplendor y penumbra, Casi una vida, una de sus últimas antologías, editada por la Fundación Caneja, 2009. Además, escribió y publicó teatro y ensayo; creó los premios Internacional Jorge Guillén y San Lesmes Abad, hoy Premio Burgos.

Dentro del ámbito de Artesa, en 2000 capitanea el movimiento de poesías visual, Odología 2000, y pone en marcha el Obrador de Literatura Experimental, Obliex, que tanto arraigo ha tenido en Castilla-León. Su poesía ha sido traducida a varias lenguas, entre ellas al checo con un libro completo.

Es probable que hoy su nombre suscite el de ARTESA, creador y mantenedor de esa aventura en la que tantos poetas de fuste colaboraron, pero ello no hubiera sido posible sin su decidida y rotunda personalidad misoneísta. Ante todo, era poeta, que escribía de artistas y de arte y que jugaba con las letras hasta hilvanar poemas concretos y caligramas al Arlanzón.