Exposición «El arte y sus mundos» – Casa de Vacas, Madrid

Benito de Diego González – AICA Spain / AECA


Está bien elegido el título, para esta exposición que le hace explícito y comprobable, pues muestra los seis mundo que cada artista representa; los cuatro distintos mundos disciplinares: pintura, dibujo, escultura e instalación, que la exposición acoge; los cuatro mundos de  estilos con que se expresan los artistas: realismo, expresionismo, surrealismo, simbolismo y los mundos que cada obra, cada pieza escultórica supone, si nos atenemos al los criterios de Kandinsky, cuando elucubró que ”la obra de arte verdadera nace del artista mediante una creación, misteriosa, enigmática y mística. Luego se aparte de él, adquiere una vida autónoma, se convierte en una personalidad, en un sujeto independiente, animado de un soplo espiritual; es un sujeto viviente, una existencia real, un ser”, es decir: un mundo independiente de cualquier otro.

Sí, evidentemente sí, hay mundos distintos y diversos en el arte, por tanto en esta muestra. Veamos el detalle.

LORNA BENAVIDES

La escultora costarricense Lorna Benavides presenta una colección de obras, que son conjunciones mixturadas de distintos materiales, (mármol, ónix, alabastro, gres, hierro y cobre), elegidos según conveniencia para la expresividad de la obra y combinados selectivamente al objeto de conseguir un difrasismo visual convincente, de acuerdo con las texturas que cada obra terminada exige en cada una de sus partes.

Son obras simbólicas que hacen referencia a distintos momentos y situaciones, en los que la vida se manifiesta en su diversas formulaciones: Así, las “crisálidas”, piezas que combinando  ónix o mármol con planchas de hiero, componen dos esculturas convincentes, representativas del acto mistérico de la eclosión de larva a imago, símbolo explícito  del nacimiento del humano.

La escultura Atlachinolli, o agua quemada, o que quema, es una alusión directa a ese agua, que en lenguaje mexica simboliza a la sangre. Esta realizada con gres y mármol rosa en una conjunción de ambos materiales y un inteligente moldeado del material cerámico.

Por último, hablamos de “Sula”,- que en la mitología bribri es el personaje que trajo la semilla a la Tierra, por ello, quién nace proviene del mundo de Sulá, que moldea al ser humano y lo prepara para nacer-, escultura que ayunta alabastro, gres, hierro y cobre, expresiva de la eclosión del niño en su alumbramiento.

Son todas ellas piezas bien resueltas y equilibradas, dotadas de euritmia vitruviana cuando se contemplan en todos sus ángulos y perspectivas.


ANA LLESTÍN

Si desciframos sus pensamientos, puede deducirse que la pintora valenciana Ana Llestín se mueve buscando el equilibrio entre lo sensible y lo inaprehensible, entre lo inmanente y lo prescindible, entre los ritmos y los contrastes y entre el pálpito de la vida y la delusión de los sueños. Aunque, si bien se piensa puede que esta sea la tensión vital característica propia del verdadero artista plástico.

Inestable estabilidad formal y emocional que ella materializa, según confiesa, en “grandes sombras y luces, palimpsesto, signos abstractos, buscando el equilibrio en la no simetría para establecer una estrecha conexión entre lo que se ve y lo que se siente”, con la intención de captar momentos, en el momento oportuno, pues no se mueve en el terreno de la serendipia, sino en el mundo de lo procurado conscientemente. 

Y siempre con “la intención de dar visibilidad a la idea a través de la praxis experimental, confluencia de materia y espíritu”.

Prueba cabal de todo ello es la colección de lienzos, que Ana Llestín presenta en esta muestra de “El arte y sus mundos”, bajo el lema de “El germinar de las lágrimas”, que son explosiones blancas de supernovas, en un fondo de un negro total, de los que dimana un poder exergónico, que nos llega, a través de la pupila, al interior del inconsciente donde nacen las emociones, atrapados por el dinamismo que la artistas ha sabido imprimir a sus imágenes, al encerrar a las figura en un caos de elípticas, generadoras de fuerzas centrípetas, que equilibran el torbellino entrópico de manchas, en el que hemos quedado enmarañados.


ESTHER PLAZA

La madrileña Esther Plaza, de sólida formación académica, estudiosa y conocedora de la historia del arte, forjada en la fragua de una decidida actitud creadora, descubrió su vocación pictórica y puso en ella todo su conocimiento y bien hacer con irresistible pasión.

Impresionada por los fenómenos telúricos y sus efectos ópticos; interesada por las galaxias nebulosas; fascinada por los límites imprecisos y variables del agua en la playa y de la lava despeñada, interpretó, en otras precedencias, sobre el lienzo sus percepciones de estos fenómenos, dotándoles de un halo poético y evanescente, procedente del filtro del sentimiento por el que  los hizo pasar.

En una anábasis continuada en su personal diégesis pictórica, la artista, interesada en contrastar lo más grande con lo más pequeño, afronta en esta colección de “Semillero”, la interpretación de los momentos en que los vivos juegan la partida dramática con los naipes  del ser o no ser, en el universo de los microscópico, cuando pólenes, esporas y espermas, empujados por fuerzas que les son ajenas, van a aposentarse en los pistilos, a la espera de que en ellos se verifique el encuentro germinal.

Dentro de su figurativismo, estos cuadros apelan, como en ocasiones precedentes lo hicieron otros de su autoría, al mundo de la abstracción, lo que les dota de una energía singular, que unida a la propia veladura de las figuras plasmadas en el lienzo, hace que su contemplación despierte una suerte de emociones, ancladas sin duda en el atavismo de lo vital, cuyo misterio sojuzga la voluntad de las personas. Pues hay algo mistagógico en sus cuadros, quizá por esta llamada directa que hacen al misterio de la vida, cuya visualización mueve siempre el ánima del ser humano.


AMANDA RECELLADO

Las pinturas y los dibujos de Amanda parecen ser realizados después haber penetrado, a través del espejo, en un mundo onírico y artificioso, en el que lo que se ve puede ser lo que se distingue sensitivamente o formar parte de otro sistema o universo ideal al que la demiurgo ha pertenecido. 

Los cuadros de Amanda presentan en su lenguaje formal una cuidada estructuración de sus complejas composiciones, realizadas con enorme limpieza y generosa paleta, sobre un dibujo de trazos seguros, que dotan a sus cuadros de un espléndido juego cromático, en el que se basa gran parte de su atractivo. Sus dibujos son asimismo muestra de la gran capacidad para la expresión plástica que posee esta artista.

Amanda, anda por los espacios cósmicos  y las profundidades abisales, buscando tipos o más bien arquetipos, que expresen sus pensamientos e ideales de persona, y lo hace en “el silencio que adora, en la calma y en la paz interior, para gozar del presente y de sus pequeñas cosas”, que nos levite sobre el mundo en que vivimos, sus contradicciones y los sapos, o dragones, que cada día hemos de tragar.

Las obras de Amanda contienen una total carga simbólica, que se nos va haciendo patente a medida que escrutamos  cada uno de los personajes y objetos que se representan en sus cuadros, si bien cada una de las obras está concebida desde una visión holística de la misma, de forma tal que cada detalle explica mucho del significado de la obra, pero sólo se alcanza su total compresión, cuando se ve y analiza formado parte de un todo inseparable, ya que cada cuadro desarrolla una diégesis pictórica de unos hechos, que se desarrollan al otro lado del espejo o, si se quiere, en un país de las maravillas, que la artista pone a nuestra consideración.


MANUEL SANTIAGO

Más allá de lo arcano del conjunto, partamos de que no hay nada de apotropaico ni esotérico en esta narración con formato ideográfico, en la que con perífrasis, tropos y ditirambos gráficos y literarios, iluminados con una lene coloración naturalista, el autor nos da los instrumentos hermenéuticos, los códigos y las claves, para recalar en sus más íntimos pensamientos, plantándonos en lo profundo de su yo consciente, de su subconsciente y aún de su inconsciente, desnudando su alma, o una parte de ella, a través del escrutinio de su obra.

Nos resistimos a hablar de emociones y de poesía como constitutivos  fundamentales de esta obra. Y no es que no le sean conceptos afines, que sí le son, pero hay algo más, algo menos sensitivo y cordial, más racional y complejo en lo más profundo de su noúmeno, en donde los conceptos plásticos clásicos de composición , belleza y perfección , son tenidos como componentes accesorios, dentro de una disposición formal intencionadamente anárquica y fractal, con dibujo de trazo naif de una simplicidad iniciática,  para que prevalezca la “idea” y el “concepto”, como elementos esenciales y nucleares de la obra sobre la percepción directa de su materialidad sensible.

Él mismo lo dice, hay que “desordenar las ideas para que sean una sola cosa”, apelando a la entropía como raíz y fundamento previo de la unicidad sintetizada en la Idea, de modo similar a como sucede en la naturaleza; y todo ello inmersos en un silencio omnipresente, que nos ha de conducir a la ensoñación y si fuera posible a la ataraxia, paradójicamente sometidos al hechizo de lo que se resiste a ser comprendido.


ESTELA DEL VALLE

Con una paleta arcoíris, a veces luminosa, a veces umbría, siempre evocadora y simbolista, con formas remediadas por un cubismo sintético, en su personal diégesis de su quehacer pictórico, escruta en cada recoveco y esquina de su Maule vital y devuelve sus emociones en forma de marinas, en las que los náuticos palos y velas mayores elevan a lo alto la gallardía de su poder para impulsar a las naves sobre las aguas del lago o del océano; paisajes de ubérrimas selvas donde el sinople y el azur se hermanan en una omnímoda panoplia heráldica  y se arropan de los cielos en los apriscos inmensos, que son laderas de los Andes. 

Ya se ha dicho, pero conviene remarcarlo de nuevo: Esta pintora vive su pintura desde el sentimiento poético del arte, es por ello que de  sus cuadros emana todo un caudal lírico, que quizás sea el principal valor de su pintura, más allá de los puros significantes estéticos, tal y como Kandinsky requería del arte.

La exposición, comisariada por la crítica de arte, Manoli Ruiz Berrio, se inauguró el pasado 29 de abril de 2021 en Casa de Vacas y fue presentada por Tomás Paredes, Presidente de Honor de AICA Spain.